Pringles: desvalijan un campo en ausencia de su dueño

Se llevaron todo en muy poco tiempo. A la familia Fritz le saquearon toda su vivienda, muebles, vajillas, prendas y todo lo que sirve para vestir una vivienda.

El robo tuvo lugar el jueves pasado a la noche en el establecimiento rural perteneciente a Rubén Fritz, ubicado en Lartigau. Como es habitual, salió de recorrida por los campos, y cuando regresó, se encontró con la desagradable sorpresa que había recibido visitas no deseadas.

En el poco tiempo que se ausentó, los delincuentes, estima en un número de cuatro personas, por las huellas halladas, se llevaron una gran mesa de roble, con las seis sillas correspondientes, el juego de living, de dormitorio, vajilla antigua, recuerdos de familia. Menos el placard, pero sí todas las prendas de la familia, de su esposa y de su hija. No le quedó nada.

Como es característica últimamente, nadie vio, ni escuchó nada. Ni siquiera una camioneta con un remolque, vehículo donde los malvivientes trasladaron el cuantioso botín.

Rubén Fritz realizó la denuncia pertinente en la delegación policial de Lartigau, y el oficial Pérez, se hizo presente para tomar nota del hecho.

También realizó la denuncia en la Jefatura de Policía Comuna de nuestra ciudad, que si bien fue muy bien atendido, no acudieron, por la razón que la Patrulla Rural ya no depende de Coronel Pringles, de acuerdo a lo manifestado hace unos días por el Comisario Axel Bogda.

Toda una cuestión. Se llamó a la Policía Científica de Coronel Suárez, y no pudo acudir “por no contar con un móvil”, de acuerdo a lo expresado por Rubén Fritz. Por consiguiente, no se pudieron extraer huellas

Lo cierto, es que la familia Fritz perdió sus pertenencias, “perdimos todo”, reiteró con desazón.

Ya no se habla de abigeato (hurto) o de los cuatreros (ladrones), sino que esto no es otra cosa que inseguridad rural, mucho más aún cuando los delincuentes, criminales al fin, entran a los campos chicos y castigan a sus dueños para sacarles lo poco que puedan tener: ahorros, una carabina o un facón viejo, recuerdo, seguramente de aquellos que hicieron la pampa.

La inseguridad hace rato que llegó al campo, cuando hace muchos años esto era impensado, pero con ciudades y pueblos desbordados, no queda otra maniobra criminal que la de echar mano a lo más lejano y con modalidades que se parecen a las calamitosas formas urbanas.

La pregunta del millón: En caso de volver a registrarse estos robos en los establecimientos rurales…¿a dónde deben acudir los productores? Sabemos que a Coronel Pringles no… queda Coronel Suárez (que no tienen móviles) o Tres Arroyos. Mientras tanto… para los delincuentes, todo sirve si se encuentra puertas adentro.

Fuente: El Orden