El sulfato apareció y la magia se hace presente en Lago Epecuén

Nuevamente la naturaleza nos regala una de las maravillas químicas más hechizantes que existen en el mundo: la aparición de esta nieve salada, el sulfato. Es una aparición que nos llena de alegría y nos provoca un buen indicio de cara a nueva temporada turística invernal. Pero cómo y por qué se produce este fenómeno misterioso y bello.

El Lago Epecuén es una salina húmeda. Es el punto final de una cuenca de lagunas encadenadas y sin salida, que recibe aportes tanto de esas lagunas aguas arriba o de pequeños arroyos. Sin embargo, el aporte más importante de minerales es el dado por los surgentes que los arrastran desde las profundidades de la tierra.

Esta condición milenaria fue almacenando en su lecho millones y millones de toneladas de minerales, en especial sales.

Dependiendo de los ciclos hídricos, estos minerales o se diluían o se precipitaban conformando costras de cristales o “manto de sal” como se lo conocía popularmente.

Durante los 80 hasta los años 2000 ese proceso natural fue roto por la mano del hombre que introdujo enormes volúmenes de agua dulce con obras hidráulicas encaradas en los 70.

Pese a los contantes aportes subterráneos de sales, en época estival el sulfato de sodio esta disuelto y en equilibrio en la laguna. Pero cuando llega el frío intenso y en especial las heladas pampeanas, la temperatura del agua de la costa baja rápidamente haciendo que se precipite el exceso de sal disuelta, pero en forma de cristales. El viento y el oleaje producido expulsa dichos cristales a la costa, brindando uno de los paisajes más extraños y bellos que tiene nuestra provincia.

Vayamos a la orilla de nuestro Lago Epecuén. Somos dueños de una maravilla única en el mundo. (Agradecemos al Lic. Gastón Partarrieu, Director del Museo de Carhué).

Fuente: Municipalidad de Adolfo Alsina